Imperio de la América Mexicana

Discurso del Solio Imperial con motivo de la sesión inaugural de la IX Legislatura del Supremo Congreso

Ilustrísimos Señores Diputados;

Micronación del Anáhuac en general, según sus Circunscripciones Imperiales, y según sus Reinos federados y Dominios Imperiales;

Iniciamos con gran gusto ésta respetable IX Legislatura de las Diputaciones Populares, y con ella, la apertura de sesiones del Supremo Congreso de la América Mexicana, y lo hacemos así porque ha sido el pueblo quien, nuevamente mediante el ejercicio de su poder electoral, se ha designado representantes, escogiéndolos de entre los más capaces, los más dispuestos y los más adecuados según su uso de razón.

Después de haber recibido de la Audiencia Gubernativa del Imperio la memoria de gobierno, puedo decir que la administración imperial ha tenido entereza y ha sabido cumplir su deber. Como titular de la Suprema Soberanía Imperial, otorgo mi confianza a la Segunda Audiencia que concluyó en días pasados.

El gobierno del Imperio ha planificado realizar una serie de visitar a las Circunscripciones Imperiales, con el objetivo de recabar las necesidades de los Reinos federados y de los Dominios Imperiales. Es importante destacar el ánimo de algunos gobiernos interiores por recibirnos y manifestarnos sus ideas, sus proyectos no realizados, sus preocupaciones. Es de mi interés poder llevar a cabo dicha actividad, y se realizará si duda alguna en éste mes.

En materia poblacional, gozamos de estabilidad en cierto sentido. Quiero aprovechar para hacer un llamado sincero y fraternal a todos los ciudadanos imperiales, para que se comprometan en el ejercicio del poder electoral. En las pasadas elecciones, la Corte Electoral reportó una disminución de los votantes, que no lograron superar el 70%. Aún es un porcentaje aceptable, pero no podemos permitir que caiga más. La legitimidad de los representantes populares depende directamente de los votos. Por otra parte, deseo que todos recibamos con alegría y gozo a nuevos ciudadanos que están esperando la aprobación de sus solicitudes por el Supremo Congreso. Por un lado, antiguos conocidos, y por otro, un nuevo individuo que anhela incorporarse al micronacionalismo mexicano. Recibamos, pues, con los brazos abiertos a nuestros recién hermanados y hagámosle saber la importancia de nuestro trabajo y la dedicación requerida, que exige la buena costumbre y los deberes del hombre en sociedad.

En política social, queremos manifestar ante ésta magna asamblea la intención de convocar a una Asamblea Ecuménica de las Iglesias del Anáhuac. ¿Con qué objetivo, qué nos ha motivado? Sin duda alguna, el deseo de dar un paso más en la unidad religiosa. Hoy podemos con orgullo confesar que somos un pueblo al que une nuestra devoción. Aunque con diferencias, nos extendemos la mano y tendemos un puente sólido y amplio que es incorruptible e indestructible. Las confesiones del Imperio, católica-romana y evangélica-luterana, han sabido convivir ampliamente en unidad, hoy es deseo del hombre que empuña el cetro de éste Imperio que sellen un pacto de virtud, y que confiesen mutuamente sus coincidencias y respeten sus diferencias. Personalmente enviaré un bando solemne a todo el Imperio, para que se sepa la intención de la Asamblea Ecuménica.

Con orgullo puedo decir que la parte más destacada de éstos tiempos han sido los asuntos económicos. El antropofismo ha permitido al Imperio sostener una visión, adoptar unas políticas y sin duda alguna, manifestar su proyecto en algo tan fundamental como es la economía. En tiempos recientes, una sequía provocó una crisis en el antropofismo imperial. Hemos comprobado que cada problema entraña una oportunidad, estemos felices porque hemos sabido aprovecharla. Hoy, hemos avanzado más hacia la justicia social: el campesino y el obrero de la agroindustria es hoy, por primera vez y sin paragón en el antropofismo, dueño de su propio trabajo y señor de sus propias tierras. Hemos llevado la justicia al campo. Y con ello, una nueva era comienza, la era de la justicia social. Garantizaremos en el antropofismo el derecho a la alimentación, y garantizaremos la dignidad y la felicidad laboral al campesino, al obrero agroindustrial. En éste asunto, he recibido del Presidente de ésta cámara del Supremo Congreso, la intención de consultar al pueblo sobre un punto elemental: continuar o no en este hermoso proyecto que hemos emprendido. No encuentro decisión más acertada para dar un paso seguro que contar con la aprobación popular. Ello dará legitimidad innegable a todas las acciones que se emprendan en la III Audiencia al respecto del antropofismo, por lo que no puedo sino elogiar y manifestar el apoyo del hombre que empuña el cetro de éste Imperio a dicha determinación. Por ello, llamo a todos los ciudadanos imperiales, nuevamente, a presentarse a las urnas y decidir, sólo así levantaremos sobre roca, colocaremos cimientos que serán imposibles de derribar por la duda o la negación. Levantemos pues, sobre roca, y hagamos del antropofismo imperial una manifestación más de los Pactos Supremos que ustedes, pueblo del Anáhuac y Nos hemos sellado para siempre.

Por otro lado, importante es mencionar que hemos protegido la soberanía imperial y las soberanías interiores, sosteniéndonos como un Imperio serenísimo y absolutamente independiente, proclamamos ampliamente nuestras tres garantías: Monarquía, Independencia y Unión, y las defendemos con absoluta razón y con la totalidad de nuestras fuerzas. Teniendo en mente nuestra soberanía, proclamamos que ésta sólo puede ejercerse siendo conscientes de la igualdad jurídica de las micronaciones, principio que hemos defendido en el curso de éste tiempo. Con esos ideales, hemos extendido la mano al Reino Virtual de Rotham, en materia económica, y dicho Reino nos ha extendido también su mano. Hemos abierto diálogo institucional, formal y diplomático con diversas micronaciones, que no mencionaremos para no ofender con la omisión de alguna de ellas. No obstante, sostenemos con orgullo que hemos coincidido con micronaciones plenamente conscientes de la dignidad humana, y respetuosas de ella. Sin el respeto a la dignidad humana, el espíritu del hombre se pervierte, cayendo en la errónea y degenerada visión de hacer distinción entre un ser humano y otro, de considerarle inferior por su forma legítima de pensar, por su origen, por su identidad, otorgando a unos una menor condición que a otros. Ello es la perdición, moral, ética, espiritual y social, y no hay política que combata con eficacia la decadencia del espíritu. Ante ello, sólo la fe y la esperanza de regeneración, pero ello no entra en el campo de los asuntos públicos: lamento decir que no conozco remedio ni cura para tan terrible mal, jamás sobre nosotros caiga. Sabiendo eso, detestemos pues esa condición y admiremos el bello ideal de la igualdad elemental entre los hombres, ello nos acercará a la bondad personal y nos ennoblecerá a nuestros pueblos y a nuestro Imperio.

Ciudadanos imperiales, Gran Pueblo del Anáhuac: nuestra visión continúa sosteniéndose, el Pacto se renueva cada día y con el nace la esperanza de un futuro más próspero, más pacífico y con mayor unidad entre nosotros. Como un arcoíris emergiendo de las nubes, el Imperio se levanta como una nueva promesa de organización política, económica, social y cultural. Rompiendo las cadenas que nos mantenían inertes atados a un sistema que es repulsivo, que es antinatural, antihumano, antisocial, hemos sublevado nuestras conciencias y hemos alzado el estandarte de la reivindicación, blandido la espada de la razón y portado el escudo de la justicia. Con ellos venceremos, recibamos pues, el gozo y la seguridad que nos otorga el ver a los ojos a nuestro destino: acerquémonos cada día más.

Guardemos en nuestra memoria a Iturbide el Libertador.

Ruego a ustedes se acuerden en sus clamores al Creador del hombre que empuña el cetro de éste Imperio.

 

Yo, el Emperador Constitucional.

 

Himno Imperial
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